• Falmung y la gema de oscuridad

    Los jugadores habían callado. La música había cesado. El silencio se levantó y permaneció como uno más durante unos largos segundos. A partir de ese momento, cada vez que oían las primeras notas de Ozar Midrashim un escalofrío recorría la espalda de todos los presentes. Sabían que con ellas llegaban el dolor y, probablemente, la muerte. Pero siempre traían la…