Todos y todas tenemos momentos grabados a fuego en nuestra memoria: un suceso trágico o divertido; una primera vez; olores y sabores que nos hacen viajar en el tiempo; las emociones que nos transmitió una obra cultural -literatura, cine… ¡videojuegos!-… momentos y experiencias que nos han formado y que están al acecho esperando el momento oportuno para asaltarnos y recordarnos su presencia.

Recuerdo el miedo que sentí al leer Drácula, de Bram Stoker. La historia del primer vampiro, tal y como se define en el mito actual, es uno de los volúmenes que rescato a menudo para rememorar esas emociones que, con la edad, se van perdiendo. No es que no sintamos miedo, no. Es nuestra capacidad de asombro la que, con el paso de las historias, va disminuyendo. Hemos vivido mil aventuras y nuestra piel, como la de los viejos lobos de mar, es cuero: dura e impermeable. Por eso recurrimos a la nostalgia, para recordar lo que sentimos tiempo atrás.

Recurrimos a la nostalgia para recordar lo que sentimos tiempo atrás.

Somos animales que rebuscan en su memoria; excavan en la nostalgia; mercadean con las emociones. Vivimos en el pasado. Por eso es agradable encontrar novelas como Lem.

Lem
Portada de Lem

Cada historia son dos viajes: el que narra el propio relato y el de la lectora o lector. En mi viaje por Lem encontré una Mallorca mágica, oscura, misteriosa y muy muy peligrosa. Un peligro oculto, latente, casi perezoso y desganado, que te deja hacer, confiado en su victoria. Encontré esa maldad primigenia, incognoscible de Lovecraft, su inevitabilidad. Pero también encontré a unos protagonistas presos de su destino, del mal y de su propia humanidad: la curiosidad y la ambición entremezclados, lo mismo que nos llevó a cruzar la colina que se veía en el horizonte y conquistarla. La misma maldición que empuja a continuar indagando, a abrir la siguiente puerta, a adentrarse en la oscuridad, aún cuando no debe hacerse. Cuando lo sensato, lo que asegura la supervivencia, es volver a casa y descansar frente al fuego.

En Lem nos encontramos con una novela muy bien escrita, con distintos pasajes y estilos, que cubren una oscura dinastia familiar a lo largo de varios siglos. Engancha y se lee con facilidad demostrando que el autor, Antoni Martorell Llinàs, no es novel en esto de las letras. Suyas son las Historias de Valdemar, Toiticancof y su segunda parte, Historias de Valdemar, El dogo solar. Las tres, junto a Lem, publicadas por la editorial Círculo Rojo.

Podéis comprar Lem en El Corte Inglés, Amazon, Agapea (aquí digital) y en la Casa del Libro (de nuevo, aquí digital).

Si os atrevéis, podéis seguir al autor a través de su Facebook o leer su antiguo blog.