El año 2018 empezó algo agitado en la vorágine que es Internet. A finales de enero cerraba Webcultura, un nódulo creativo online que durante años ha dado cobijo a multitud de artistas. No voy a mentir, no lo visitaba a menudo. Pero no negaré que cuando un sitio como Webcultura cierra, algo muere en todos. Es triste ver como el arte y la cultura alejados del mercantilismo apenas sobreviven y como sin potentes campañas pasa completamente desapercibido para, no ya el gran público -¿quién demonios es el gran público?-, una gran parte de los internautas.

Es una dura tarea mantener un sitio tan grande y para nada es barata. Por eso, desde aquí, desde este humilde rincón, lanzo un afectuoso saludo a los creadores de tan magno proyecto. Salvando las distancias, puedo hacerme una ligera idea del trabajo, a nivel administrativo, que había tras ese sitio web.

Lo inimaginable, sin embargo, es la cantidad de esfuerzo que había acumulado en Webcultura, cientos, sino miles de autores que dedicaron innumerables horas a crear y que de pronto se encontraron sin un hogar en la red.

Uno de los afectados por el cierre de Webcultura fue un viejo conocido en Vorágine Digital, Cano, autor de Ibosim, cómic al que dediqué una entrada. Al enterarme de su situación, no dudé en ofrecerle el apoyo de Vorágine Digital, con Héctor como intermediario. Los nuestros son unos medios modestos y limitados por una economía sencilla y tiempo escaso. Somos seres humanos al fin y al cabo con todo lo que eso implica.

En un artículo de principios de este año, deseé que Vorágine creciera, que ayudara a la divulgación de autores de forma más profunda, y al poco tiempo me encontré con que se cumplía, a costa de la existencia de Webcultura. Parecía como si hubiera formulado mi deseo con una pata de mono en la mano.

Cano aceptó nuestro apoyo y un par de meses más tarde, tras valorar distintas alternativas, inauguramos la infrastructura de la red de sitios de Vorágine.

Desde hoy -en realidad, ya hace un tiempo que Cano está adaptándose a la nueva web-, Ibosim formará parte de la familia de Vorágine Digital a través de un subdominio propio. Con esta infraestructura es posible que apoyar a otros autores del mismo modo.

Esta nueva singladura, tal vez demasiado discreta para el observador ajeno para elevarla a segunda versión, pero, en verdad, de gran profundidad, nos permite encarar el futuro con más determinación.

Héctor y yo ya no estamos solos en medio de esta Vorágine. ¿Hasta cuándo? Solo el tiempo lo sabe.